viernes, 15 de abril de 2011

Winston Churchill

(Sir Winston Leonard Spencer Churchill; Blenheim Palace, Oxfordshire, 1874 - Londres, 1965) Político británico. A lo largo de su brillante carrera, sir Winston Leonard Spencer Churchill fue sucesivamente el hombre más popular y el más criticado de Inglaterra, y a veces ambas cosas al mismo tiempo. Considerado el último de los grandes estadistas, siempre será recordado por su rara habilidad para predecir los acontecimientos futuros, lo que en ocasiones se convirtió en una pesada carga para sus compatriotas.

Durante años, Churchill fue algo así como la voz de la conciencia de su país, una voz que sacudía los espíritus y les insuflaba grandes dosis de energía y valor. Su genio polifacético, además de llevarlo a conquistar la inmortalidad en el mundo de la política, lo hizo destacar como historiador, biógrafo, orador, corresponsal de guerra y bebedor de coñac, y en un plano más modesto como pintor, albañil, novelista, aviador, jugador de polo, soldado y propietario de caballerías.


Winston Churchill

Nació el 30 de noviembre de 1874 en el palacio de Blenheim, por aquel entonces propiedad de su abuelo, séptimo duque de Marlborough. Su padre era lord Randolph Churchill y su madre una joven norteamericana de deslumbrante belleza llamada Jennie Jerome. No hay duda de que en sus primeros años conoció la felicidad, pues en su autobiografía evoca con ternura los días pasados bajo la sombra protectora de su madre, que además de hermosa era culta, inteligente y sensible.

Quizás por ello, al ser internado por su padre en un costoso colegio de Ascot, el niño reaccionó con rebeldía; estar lejos del hogar le resultaba insoportable, y Winston expresó su protesta oponiéndose a todo lo que fuese estudiar. Frecuentemente fue castigado y sus notas se contaron siempre entre las peores. Cuando en 1888 ingresó en la famosa escuela de Harrow, el futuro primer ministro fue incluido en la clase de los alumnos más retrasados. Uno de sus maestros diría de él: "No era un muchacho fácil de manejar. Cierto que su inteligencia era brillante, pero sólo estudiaba cuando quería y con los profesores que merecían su aprobación."

Churchill fracasó dos veces consecutivas en los exámenes de ingreso en la Academia Militar de Sandhurst. Sin embargo, una vez entró en la institución se operó en él un cambio radical. Su proverbial testarudez, su resolución y su espíritu indomable no lo abandonaron, pero la costumbre de disentir caprichosamente de todo comenzó a desaparecer. Trabajaba con empeño, era aplicado y serio en las clases y muy pronto se destacó entre los alumnos de su nivel.

Poco después se incorporó al Cuarto de Húsares, regimiento de caballería reputado como uno de los mejores del ejército. Combatió en Cuba, la India y el Sudán, y en los campos de batalla aprendió sobre el arte de la guerra todo cuanto no había encontrado en los libros, especialmente cuestiones prácticas de estrategia que más tarde le servirían para hacer frente a los enemigos de Inglaterra.

No obstante, la vida militar no tardó en cansarlo. Renunció a ella para dedicarse a la política y se afilió al Partido Conservador en 1898, presentándose a las elecciones un año después. Al no obtener el acta de diputado por escaso margen, Churchill se trasladó a África del Sur como corresponsal del Morning Post en la guerra de los bóers.

Allí fue hecho prisionero y trasladado a Pretoria, pero consiguió escapar y regresó a Londres convertido en un héroe popular: por primera vez, su nombre saltó a las portadas de los periódicos, pues había recorrido en su huida más de cuatrocientos kilómetros, afrontando un sinfín de peligros con extraordinaria sangre fría. No es de extrañar, pues, que consiguiese un escaño en las elecciones celebradas con el cambio de siglo y que, recién cumplidos los veintiséis años, pudiese iniciar una fulgurante carrera política.

En el Parlamento, sus discursos y su buen humor pronto se hicieron famosos. Pero su espíritu independiente, reacio a someterse a disciplinas partidarias, le granjeó importantes enemigos en la cámara, incluso entre sus propios correligionarios. Así pues, no es de extrañar que cambiara varias veces de partido y que sus intervenciones, a la vez esperadas y temidas por todos, suscitaran siempre tremendas polémicas.

Tras ser designado subsecretario de Colonias y ministro de Comercio en un gobierno liberal, Churchill previó con extraordinaria exactitud los acontecimientos que desencadenaron la Primera Guerra Mundial y el curso que siguió la contienda en su primera etapa. Sus profecías, consideradas disparatadas por los militares, se convirtieron en realidad y sorprendieron a todos por la clarividencia con que habían sido formuladas.

Churchill fue nombrado lord del Almirantazgo y se embarcó inmediatamente en una profunda reorganización del ejército de su país. Primero se propuso hacer de la armada británica la primera del mundo, cambiando el carbón por petróleo como combustible de la flota y ordenando la instalación en todas las unidades de cañones de gran calibre. Luego puso en marcha la creación de un arma aérea y, por último, decidido a contrarrestar el temible poderío alemán, impulsó la construcción de los primeros "acorazados terrestres", consiguiendo que el tanque empezasea ser considerado imprescindible como instrumento bélico.

Finalizada la contienda, Churchill sufrió las consecuencias de la reacción de la posguerra y durante un tiempo fue relegado a un papel secundario dentro de la escena política. En 1924 se reconcilió con los conservadores y un año después fue puesto al frente del ministerio de Hacienda en el gobierno de Stanley Baldwin.

Era una época de decadencia económica, inquietud, descontento laboral y aparatosas huelgas, y el conservadurismo obstinado de que hacía gala no contentó ni siquiera a sus propios colegas. En una palabra, todo el mundo estaba cansado de él y su popularidad descendió a cotas inimaginables años antes. Entre 1929 y 1939, Churchill se apartó voluntariamente de la política y se dedicó principalmente a escribir y a cultivar su afición por la pintura bajo el seudónimo de Charles Morin. "Si este hombre fuese pintor de oficio dijo en una ocasión Picasso, podría ganarse muy bien la vida."

Churchill siguió perteneciendo al Parlamento, pero durante esos años careció prácticamente de influencia. Las cosas cambiaron cuando, al observar la creciente amenaza que Hitler constituía, proclamó la necesidad urgente de que Inglaterra se rearmase y emprendió una lucha solitaria contra el fascismo emergente. En reiteradas ocasiones, tanto en la cámara como en sus artículos periodísticos, denunció vigorosamente el peligro nazi ante una nación que, una vez más, parecía aquejada de una ceguera que podía acabar en tragedia.

Tras la firma en 1938 del Acuerdo de Munich, en el que Gran Bretaña y Francia cedieron ante el poderío alemán, la gente se dio cuenta nuevamente de que Churchill había tenido razón desde el principio. Hubo una docena de ocasiones en las que hubiera sido posible detener a Hitler sin derramamiento de sangre, según afirmarían después los expertos. En cada una de ellas, Churchill abogó ardorosamente por la acción.

El 1 de septiembre de 1939, el ejército nazi entró con centelleante precisión en Polonia; dos días después, Francia e Inglaterra declararon la guerra a Alemania y, por la noche, Churchill fue llamado a desempeñar su antiguo cargo en el Almirantazgo. Todas las unidades de la flota recibieron por radio el mismo mensaje: "Winston ha vuelto con nosotros."

Los mismos diputados que una semana antes lo combatían con saña, lo aclamaron puestos en pie cuando hizo su entrada en el Parlamento. Pero aquella era una hora amarga para la historia del Reino. La nación estaba mal preparada para la guerra, tanto material como psicológicamente. Por eso, cuando fue nombrado primer ministro el 10 de mayo de 1940, Churchill pronunció una conmovedora arenga en la que afirmó no poder ofrecer más que "sangre, sudor y lágrimas" a sus conciudadanos.


Churchill en la radio

El pueblo británico aceptó el reto y convirtió tan terrible frase en un verdadero lema popular durante seis años; su contribución a la victoria iba a ser decisiva. Churchill consiguió mantener la moral en el interior y en el exterior mediante sus discursos, ejerciendo una influencia casi hipnótica en todos los británicos.

Formó un gobierno de concentración nacional, que le aseguró la colaboración de sus adversarios políticos, y creó el ministerio de Defensa para una mejor dirección del esfuerzo bélico. Cuando la Unión Soviética firmó un pacto de no agresión con Alemania, y mientras los Estados Unidos seguían proclamando su inamovible neutralidad, Churchill convocó una reunión de su gabinete y con excelente humor dijo: "Bien, señores, estamos solos. Por mi parte, encuentro la situación en extremo estimulante."

Por supuesto, Churchill hizo todo lo posible para que ambas potencias entrasen en la guerra, lo que consiguió en breve tiempo. Durante interminables jornadas, dirigió las operaciones trabajando entre dieciséis y dieciocho horas diarias, transmitiendo a todos su vigor y contagiándoles su energía y optimismo.

Por fin, el día de la victoria aliada, se dirigió de nuevo al Parlamento y al entrar fue objeto de la más tumultuosa ovación que registra la historia de la asamblea. Los diputados olvidaron todas las formalidades rituales y se subieron a los escaños, gritando y sacudiendo periódicos. Churchill permaneció en pie a la cabecera del banco ministerial, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas y sus manos se aferraban temblorosas a su sombrero.


Stalin, Roosevelt y Winston Churchill en
la conferencia de Teherán (1943)

A pesar de la enorme popularidad alcanzada durante la guerra, dos meses después el voto de los ingleses lo depuso de su cargo. Churchill continuó en el Parlamento y se erigió en jefe de la oposición. En un discurso pronunciado en marzo de 1946 popularizó el término "telón de acero" y algunos meses después hizo un llamamiento para impulsar la creación de los Estados Unidos de Europa.

Tras el triunfo de los conservadores en 1951 volvió a ser primer ministro, y dos años después fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura por sus Memorias sobre la Segunda Guerra Mundial. Alegando razones de edad, presentó la dimisión en abril de 1955, después de ser nombrado Caballero de la Jarretera por la reina Isabel II y de rechazar un título nobiliario a fin de permanecer como diputado en la Cámara de los Comunes.

Reelegido en 1959, ya no se presentó a las elecciones de 1964. No obstante, su figura siguió pesando sobre la vida política y sus consejos continuaron orientando a quienes rigieron después de él los destinos del Reino Unido. El pueblo había visto en Churchill la personificación de lo más noble de su historia y de las más hermosas cualidades de su raza, por eso no cesó de aclamarlo como su héroe hasta su muerte, acaecida el 24 de enero de 1965.




CAUSAS DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

La Primera Guerra Mundial, gran conflicto bélico producido entre 1914 y 1918, fue conocido por sus contemporáneos con el nombre de Gran Guerra. Una de las causas que produjeron esta guerra fue:

  • con la política exterior alemana, en la que Bismarck pretende prevenir la creación de coaliciones antialemnas y aislar a Francia, todo esto lo consigue a través de dos sistemas de alianzas: la Triple Alianza formada por Alemania, Italia y Austria-Hungría y el Tratado de Reaseguro, formado por Alemania y Rusia. Todo esto sucedió hasta 1890, pero a partir de este mismo año, la caída de Bismarck supuso la iniciación de la política mundial de Guillermo II, el cual llevó la conquista del imperio colonial. El objetivo de Alemania en 1890 era conseguir, frente al reino unido, el liderazgo mundial. Todo esto llevó a una competencia naval que hizo que se produjese la Triple entente formada por Gran Bretaña, Francia y Rusia.

  • Por otra lado, existían unas crisis coloniales en Marruecos y en los Balcanes. En Marruecos se produjeron debido a la oposición alema al protectorado francés en Marruecos y en los Balcanes debido a los intereses enfrentados que había entre Rusia, austria-Hungría y una rivalidad entre Serbia y Austria. Mas tarde, Japón y EEUU se expandieron por el Pacífico y Austria-Hungría e Italia se mantuvieron en la Triple Alianza junto a Alemania. El problema que incitó a que los países se interesasen en esta guerra mundial fue el conflicto en los Balcanes. Aunque el detonante que produjo que esta guerra se produjese fue el asesinato del heredero al trono austrohúngaro y su esposa en Sarajevo.

viernes, 8 de abril de 2011

Federico Garcia Lorca, La Barraca


Al instaurarse la Segunda República española, Fernando de los Ríos fue nombrado Ministro de Instrucción Pública. Bajo el patrocinio oficial, le encargó a Lorca la co-dirección de la compañía estatal de teatro «La Barraca», donde disfrutó de todos los recursos para producir, dirigir, escribir y adaptar algunas obras teatrales del Siglo de Oro español. Escribió en este período Bodas de sangre, Yerma y Doña Rosita la soltera.

En 1933 viajó a la Argentina de la Década Infame para promover la puesta en escena de algunas de sus obras por la compañía teatral de Lola Membrives y para dictar una serie de conferencias, siendo su estancia un éxito: a manera de ejemplo, su puesta de La dama boba -recientemente reeditada por la Universidad de La Rioja [3] -, de Lope de Vega, atrajo a más de sesenta mil personas. Entre este año y 1936 escribió Diván de Tamarit, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, que conmovió al mundo hispano, La casa de Bernarda Alba y trabajaba ya en La destrucción de Sodoma cuando estalló la Guerra Civil española.

barraca

Según la Real Academia Española, "esperpento" es un hecho grotesco o desatinado.[1] Más específicamente, el término se utiliza para designar un estilo literario creado por Ramón María del Valle-Inclán (y la generación del 98), y que se caracteriza por la deformación grotesca de la realidad, al servicio de una implícita intención crítica de la sociedad.

Una Vida bohemia

La palabra bohemia me ha acompañdo a lo largo de las décadas con mayor regularidad que otras del repertorio de la diferenciación con el mundo de los otros. He terminado por defender una vida bohemia, la mía, más que la vida bohemia de la que en realidad no sé si tiene un significado unitario. Para mí la bohemia era la conexión con los colores, con la fiesta, con los placeres e incertidumbres creativas, con la falta de horarios, con la seducción continua. Había sido criticado por bohemia en una época en la que el comunismo obrerista lo que menso quería en sus filas era sujetos como yo, imprevisibles, críticos, distintos, prefiriendo la uniformidad de sus militancias para la propagación de consignas así mismo uniformes. Perdoné a mis críticos y demoré en demasía mí tiempo de permanencia en aquel submundo de conspiradores que en realidad no querían un mundo alternativo sino un traspaso del poder político. La vida bohemia está emparentada con la farándula, con los escenarios noctámbulos, con los cabarets, con las farras hasta altas horas, con los juegos de relaciones sensuales, con los amores muchos y con el arte, todo ello empaquetado dentro de vidas efímeras que no creen tanto en el futuro como en el presente, ni tanto en los demás como en el protagonismo de cada uno.

Hay algo de la vida bohemia que me gusta por lo que tiene de festivo y de imprevisible. Cada dia puede ser una novedad y la cantera de nuevas anécdotas, algo que la vida obrera o la del empleado mustio de oficina o mostrador no pueden decir. El bohemio tiene la mala fama de ser un personaje de bares que va por las latitudes de la onírica con la misma facilidad que si saliera a dar un paseo por la calle de al lado. También se le emparenta con sus excesos de bebida, sus líos de faldas (curiosa denominación para desprestigiar el amor plural), su pobreza endémica o falta de recursos. En casos extremos el bohemio no tiene con qué encender su estufa ni un plato de sopa caliente con el que recobrar el tono corporal, sin embargo parece no faltarla la sonrisa en la cara o su talante de ironía permanente ante todo.

No soy un especialista en tomar criterios a favor o en contra de corrientes, escuelas, partidos o teorías. Hubo un tiempo en el que las contradicciones sociales estaban muy claras que no tomar partido era una atrocidad y que mantenerse neutral una forma de temor. Ahora es más bien al revés: tomar partido por determinados partidos es una atrocidad contra el sentido común. La única opción que me parece sensata es la más insensata de todos: tomar partido por la poesía, por la filosofía y por la exploración existencial. La bohemia es, bajo este criterio, una consecuencia, no una elección. Lo bonito de ella es la distinción diaria que procura, una falta de planning deliberada por lo que hace a objetivos existenciales muy marcados para no encorsetar la espontaneidad biográfica. Un dia puedes ser cliente de un espacio hotelero sosegado y elegante y otro día alojarte con tu tienda de camping junto a un río. Un dia puedes estar tratando de componer una canción y otro dia compartir una comida con gente que acabas de conocer.

La idea del bohemio ha dejado una especie de aureola de mala fama. No se ocupa de nada y por no ocuparse no se ocupa de sí mismo. Tal vez se entrampa con préstamos o necesita quien le invite a comer para llegar al día siguiente. En resumen puede ser un desastre por lo que hace a planificar su propio futuro.

Desde luego no todo el mundo puede ser bohemio. Se necesita una resolución: la de creer firmemente que sea la que sea la vida está garantizada y que lo más interesante del futuro no es enfrentarlo de tal manera que hipoteque el presente. Vivir el día a día se ha convertido en un eslogan universalmente famoso pero que sin embargo se emplea incorrectamente. De hecho, todos terminamos por planificar nuestras existencias y por tanto nuestros futuros. Incluso en la condición de viajero el que cambia continuamente de emplazamiento tiene en cuenta lso recursos, las ubicaciones y los condicionamientos individuales desde el primer día que aterriza en un lugar. La troupe de farándula que lleva su escenario, su mimo, improvisaciones o gags de localidad en localidad y vive de lo que recoge, con la convivencia colectiva permanente que supone es quizás lo más parecido a lo que se puede entender por bohemia. Una vida instalada en el juego permanente con la vida, eso es bohemia. Una vida sin lados ocursos, sin perversiones capciosas, sin instrumentalismos del otro, sin calamidades dolorosas de las que arrepentirse.

He idealizado la palabra y un concepto. Todo lo que he accedido a ver de la vida bohemia en grupos constituidos es que no han estado exentos de conflictos internos, de monetarismos contradictorios, de pequeñas traiciones. Mi propia vida se ha visto envuelta con experiencias que me podía perfectamente evitar con gentes más que reprobables. Pero la vida es eso: pasar por sus inmundicias. Si a la bohemia no le pides grandes alternativas de recambio social todo va bien, tan pronto esperas que la gente cumpla lo que diga y que sus valores sean impecables los desalientos no tardan en surgir. Hay algo del sistema dominante de la sociedad que alcanza a todo el mundo incluyendo a sus bastardos y a sus hijos prófugos, también a las distintas clases de auto marginados, y es el interés por el dinero. Los artesanos que trabajan para ser autónomos y vivir por cuenta propia sin tener que pasar por la condición de supeditación del empleado asalariado terminan, no pocos, en verse corrompidos por el pvp final que ponen a sus productos o, lo que es peor, en darles sus trabajos a comerciantes profesionales que no los han trabajado y que toda gestión es la de dejar pasar los meses hasta que alguien acepta comprarlos eso sí a precios triplicados o decuplicados de los que los han pagado.

Un panorama bohemio de intercambios de todo basado en el principio del goce proporcionado por la colaboración mutua es algo que está muy lejos de la realidad. No tengo comprobaciones para afirmar si alguna vez ha existo más allá de los cuatro amigos que lo compartían todo. Es posible que la ideación de la vida barata, si no gratis, del día a dia alimentándose de letras y colores por encima de la obsesión por la seguridad de la comida o del confort, haya formado parte más de las maquinaciones de la fantasía que de las posibilidades reales. Por lo que hace a mi experiencia directa descubrí prematuramente un talismán: basta creer en ti y en tus posibilidades, también en tu perfil de existencialista para que todo se combine y se escenifique sin tener que hacer demasiados esfuerzos. Basta creer en qué siempre resolverás situaciones y seguir tu dinámica inercial de creativo para que esto se vaya dando y configurando biográficamente con naturalidad. Cuando la gente me decía –por mi edad y mis triunfos ya no me lo dice- que un dia u otro me arrepentiría de no asegurar mi futuro olvidaba que la peor manera de perder el futuro es hipotecándolo haciendo del presente una obediencia a los dictados de consumo, del trabajo obligatorio y del dinero. ¿Y qué pasaría si todo el mundo optara por una vida bohemia? Objeta un crítico de quienes nos hemos tomado esta clase de libertades. El mundo se hundiría, desparecería la producción y la economía –añade- De acuerdo la elección del bohemio cuenta en que la inmensa mayoría se dedica al trabajo asalariado, a las rutinas diarias de la producción de lo básico. Mientras haya quien sirva las cervezas en el restaurant y las comidas y trabaje los campos y mantenga las líneas de tren y las autopsitas todo va bien. Tan pronto el encadenado falla, el más poeta tiene que dedicarse a los trabajos primarios. Como no ha llegado el caso pospondremos la respuesta para cuando llegue. El bohemio, con todas sus famas adversas, no deja de ser un trabajador en lo suyo. Probar una nueva clase de música, reescribir un texto, hacer una composición puede formar parte del cada día como algo más natural. Evidentemente estoy igualando la vida bohemia a la artística, pero la bohemia es mucho más que la dedicación sistemática –y disciplinada- al arte. Lleva consigo toda la aureola que la protege y la sigue. Tiene un aire de despreocupación sin necesidad de ningún compromiso con el futuro ni en lo personal ni en lo social. Eso tampoco es totalmente cierto. A la bohemia ligaríamos gente dedicada a la composición musical o a la pintura, raramente gente con preocupaciones sociales que dedicaron sus energías y biografías a la lucha revolucionaria. Nadie calificaría a Emiliano Zapata[1] de bohemio. Ni diría de un bohemio que alcanzará el cargo de un presidente de gobierno, aunque sí hubo algún poeta detentándolo o algún escritor pretendiéndolo (Leopold Shengor y Vargas Llosas por ejemplo). Sin embargo, hay algo de la bohemia en si misma revolucionaria por su condición rupturista con las formas tradicionales heredadas y lo es sin que tenga un planteamiento para eso ni desee una teoría política. Una vida bohemia, que no la vida bohemia, permite vivir la sociedad, soportarla, a caballo entre lo que no es ni nunca será demostrando de facto la posibilidad existencial de vivir del y por el arte trasladando la potencialidad biográfica de la misión por hacer grandes heroicidades al goce de vivir una sola: la de la felicidad.

Una Vida bohemia

La palabra bohemia me ha acompañdo a lo largo de las décadas con mayor regularidad que otras del repertorio de la diferenciación con el mundo de los otros. He terminado por defender una vida bohemia, la mía, más que la vida bohemia de la que en realidad no sé si tiene un significado unitario. Para mí la bohemia era la conexión con los colores, con la fiesta, con los placeres e incertidumbres creativas, con la falta de horarios, con la seducción continua. Había sido criticado por bohemia en una época en la que el comunismo obrerista lo que menso quería en sus filas era sujetos como yo, imprevisibles, críticos, distintos, prefiriendo la uniformidad de sus militancias para la propagación de consignas así mismo uniformes. Perdoné a mis críticos y demoré en demasía mí tiempo de permanencia en aquel submundo de conspiradores que en realidad no querían un mundo alternativo sino un traspaso del poder político. La vida bohemia está emparentada con la farándula, con los escenarios noctámbulos, con los cabarets, con las farras hasta altas horas, con los juegos de relaciones sensuales, con los amores muchos y con el arte, todo ello empaquetado dentro de vidas efímeras que no creen tanto en el futuro como en el presente, ni tanto en los demás como en el protagonismo de cada uno.

Hay algo de la vida bohemia que me gusta por lo que tiene de festivo y de imprevisible. Cada dia puede ser una novedad y la cantera de nuevas anécdotas, algo que la vida obrera o la del empleado mustio de oficina o mostrador no pueden decir. El bohemio tiene la mala fama de ser un personaje de bares que va por las latitudes de la onírica con la misma facilidad que si saliera a dar un paseo por la calle de al lado. También se le emparenta con sus excesos de bebida, sus líos de faldas (curiosa denominación para desprestigiar el amor plural), su pobreza endémica o falta de recursos. En casos extremos el bohemio no tiene con qué encender su estufa ni un plato de sopa caliente con el que recobrar el tono corporal, sin embargo parece no faltarla la sonrisa en la cara o su talante de ironía permanente ante todo.

No soy un especialista en tomar criterios a favor o en contra de corrientes, escuelas, partidos o teorías. Hubo un tiempo en el que las contradicciones sociales estaban muy claras que no tomar partido era una atrocidad y que mantenerse neutral una forma de temor. Ahora es más bien al revés: tomar partido por determinados partidos es una atrocidad contra el sentido común. La única opción que me parece sensata es la más insensata de todos: tomar partido por la poesía, por la filosofía y por la exploración existencial. La bohemia es, bajo este criterio, una consecuencia, no una elección. Lo bonito de ella es la distinción diaria que procura, una falta de planning deliberada por lo que hace a objetivos existenciales muy marcados para no encorsetar la espontaneidad biográfica. Un dia puedes ser cliente de un espacio hotelero sosegado y elegante y otro día alojarte con tu tienda de camping junto a un río. Un dia puedes estar tratando de componer una canción y otro dia compartir una comida con gente que acabas de conocer.

La idea del bohemio ha dejado una especie de aureola de mala fama. No se ocupa de nada y por no ocuparse no se ocupa de sí mismo. Tal vez se entrampa con préstamos o necesita quien le invite a comer para llegar al día siguiente. En resumen puede ser un desastre por lo que hace a planificar su propio futuro.

Desde luego no todo el mundo puede ser bohemio. Se necesita una resolución: la de creer firmemente que sea la que sea la vida está garantizada y que lo más interesante del futuro no es enfrentarlo de tal manera que hipoteque el presente. Vivir el día a día se ha convertido en un eslogan universalmente famoso pero que sin embargo se emplea incorrectamente. De hecho, todos terminamos por planificar nuestras existencias y por tanto nuestros futuros. Incluso en la condición de viajero el que cambia continuamente de emplazamiento tiene en cuenta lso recursos, las ubicaciones y los condicionamientos individuales desde el primer día que aterriza en un lugar. La troupe de farándula que lleva su escenario, su mimo, improvisaciones o gags de localidad en localidad y vive de lo que recoge, con la convivencia colectiva permanente que supone es quizás lo más parecido a lo que se puede entender por bohemia. Una vida instalada en el juego permanente con la vida, eso es bohemia. Una vida sin lados ocursos, sin perversiones capciosas, sin instrumentalismos del otro, sin calamidades dolorosas de las que arrepentirse.

He idealizado la palabra y un concepto. Todo lo que he accedido a ver de la vida bohemia en grupos constituidos es que no han estado exentos de conflictos internos, de monetarismos contradictorios, de pequeñas traiciones. Mi propia vida se ha visto envuelta con experiencias que me podía perfectamente evitar con gentes más que reprobables. Pero la vida es eso: pasar por sus inmundicias. Si a la bohemia no le pides grandes alternativas de recambio social todo va bien, tan pronto esperas que la gente cumpla lo que diga y que sus valores sean impecables los desalientos no tardan en surgir. Hay algo del sistema dominante de la sociedad que alcanza a todo el mundo incluyendo a sus bastardos y a sus hijos prófugos, también a las distintas clases de auto marginados, y es el interés por el dinero. Los artesanos que trabajan para ser autónomos y vivir por cuenta propia sin tener que pasar por la condición de supeditación del empleado asalariado terminan, no pocos, en verse corrompidos por el pvp final que ponen a sus productos o, lo que es peor, en darles sus trabajos a comerciantes profesionales que no los han trabajado y que toda gestión es la de dejar pasar los meses hasta que alguien acepta comprarlos eso sí a precios triplicados o decuplicados de los que los han pagado.

Un panorama bohemio de intercambios de todo basado en el principio del goce proporcionado por la colaboración mutua es algo que está muy lejos de la realidad. No tengo comprobaciones para afirmar si alguna vez ha existo más allá de los cuatro amigos que lo compartían todo. Es posible que la ideación de la vida barata, si no gratis, del día a dia alimentándose de letras y colores por encima de la obsesión por la seguridad de la comida o del confort, haya formado parte más de las maquinaciones de la fantasía que de las posibilidades reales. Por lo que hace a mi experiencia directa descubrí prematuramente un talismán: basta creer en ti y en tus posibilidades, también en tu perfil de existencialista para que todo se combine y se escenifique sin tener que hacer demasiados esfuerzos. Basta creer en qué siempre resolverás situaciones y seguir tu dinámica inercial de creativo para que esto se vaya dando y configurando biográficamente con naturalidad. Cuando la gente me decía –por mi edad y mis triunfos ya no me lo dice- que un dia u otro me arrepentiría de no asegurar mi futuro olvidaba que la peor manera de perder el futuro es hipotecándolo haciendo del presente una obediencia a los dictados de consumo, del trabajo obligatorio y del dinero. ¿Y qué pasaría si todo el mundo optara por una vida bohemia? Objeta un crítico de quienes nos hemos tomado esta clase de libertades. El mundo se hundiría, desparecería la producción y la economía –añade- De acuerdo la elección del bohemio cuenta en que la inmensa mayoría se dedica al trabajo asalariado, a las rutinas diarias de la producción de lo básico. Mientras haya quien sirva las cervezas en el restaurant y las comidas y trabaje los campos y mantenga las líneas de tren y las autopsitas todo va bien. Tan pronto el encadenado falla, el más poeta tiene que dedicarse a los trabajos primarios. Como no ha llegado el caso pospondremos la respuesta para cuando llegue. El bohemio, con todas sus famas adversas, no deja de ser un trabajador en lo suyo. Probar una nueva clase de música, reescribir un texto, hacer una composición puede formar parte del cada día como algo más natural. Evidentemente estoy igualando la vida bohemia a la artística, pero la bohemia es mucho más que la dedicación sistemática –y disciplinada- al arte. Lleva consigo toda la aureola que la protege y la sigue. Tiene un aire de despreocupación sin necesidad de ningún compromiso con el futuro ni en lo personal ni en lo social. Eso tampoco es totalmente cierto. A la bohemia ligaríamos gente dedicada a la composición musical o a la pintura, raramente gente con preocupaciones sociales que dedicaron sus energías y biografías a la lucha revolucionaria. Nadie calificaría a Emiliano Zapata[1] de bohemio. Ni diría de un bohemio que alcanzará el cargo de un presidente de gobierno, aunque sí hubo algún poeta detentándolo o algún escritor pretendiéndolo (Leopold Shengor y Vargas Llosas por ejemplo). Sin embargo, hay algo de la bohemia en si misma revolucionaria por su condición rupturista con las formas tradicionales heredadas y lo es sin que tenga un planteamiento para eso ni desee una teoría política. Una vida bohemia, que no la vida bohemia, permite vivir la sociedad, soportarla, a caballo entre lo que no es ni nunca será demostrando de facto la posibilidad existencial de vivir del y por el arte trasladando la potencialidad biográfica de la misión por hacer grandes heroicidades al goce de vivir una sola: la de la felicidad.